Pop Folk /
Hay discos que, cuando los escuchas, parece que te acercan y te alejan a la vez. Para que los escuches en la cercanía y sepas alejarte de ellos cuando sea necesario. En las diez canciones que Aldous Harding nos presenta en su último trabajo "Train to the Island" esa es la sensación.
Desde lo críptico consigue, sin embargo, ser cercano. Y para ese mensaje hay una instrumentación cuidada, reducida, cercana, inteligente. Esas composiciones geniales que con pocos elementos usados inteligentemente, resultan canciones grandiosas y extraordinarias. Hay surrealismo, lirismo musical, humor inteligente, algo desconcertante y adictivo a la vez. No hay complejidad musical, hay genialidad con unos pocos elementos mezclado de la forma más ingeniosa e inspirada posible.
La dinámica de las canciones sorprende en cada tema y, si escucha el disco entero de una vez -cosa rara en los tiempos que corren- la sensación es de un tiovivo o una montaña rusa donde no se sube muy alto ni se llega muy bajo, pero sin sobresaltos cardiacos. La voz, aquí, es fundamental. Es la que guía esos altibajos, esas sensaciones. Un auténtico virtuosismo vocal para el mensaje que se pretende. La producción de John Parish, archiconocido, es fundamental en el resultado final.
"Train to the Island" es un disco cercano y no. Es sorprendente. Es lo mejor de Aldous Harding...
